Aymar Celdrán

La razón de ser de Adelayn

Inconformes porque nos han enseñado a resolver una ecuación pero no a gestionar una emoción, a distinguir el sujeto del predicado pero no a emitir en público un comunicado, a muchas cosas entender pero no a saber vender, a ubicar el hueso femoral pero quizás muy poco de moral, a memorizar cualquier mar, lago y canal, pero nada acerca de la inteligencia emocional, a saber dónde queda el río Guadalquivir pero no realmente a vivir, nace Adelayn, un lugar de crecimiento humano y profesional, que complementa y enriquece los conocimientos adquiridos en la educación oficial.

Consideramos que la “educación reglada” del sistema adolece de unos vacíos importantes. Es prácticamente imposible encontrar una universidad o un colegio donde enseñen a sus estudiantes habilidades básicas que siempre en la vida necesitarán: dialéctica y oratoria, inteligencia emocional, productividad y gestión del tiempo, ventas, negociación, influencia y liderazgo, educación financiera, programación neurolingüística, psicología, habilidades sociales, propósito vital, relaciones inter-personales, ética, alimentación y hábitos saludables, etc. No importa a qué se dediquen en la vida, todos necesitan estos conocimientos de forma transversal en su día a día, y sin embargo nadie se los está enseñando.

Esa es nuestra razón de ser. LLenamos un vacío. Suplimos una demanda social. Cubrimos necesidades de la gente para formarse en áreas que han sido descuidadas por la educación oficial y que por ello, precisamente por ese descuido, millones de personas están siendo frenadas y limitadas en su progreso personal y profesional. Adelayn es la plataforma que responde a las exigencias del siglo XXI y que da solución al clamor educativo de la sociedad.

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La semilla

Durante mi infancia saboreé de alguna forma lo que hoy llaman "Bullying", pero en mi caso personal no fue porque se rieran de mi corte de pelo, de mi complexión o de cualquier rasgo físico, sino debido a no ser parte de aquellos alumnos fieles a estudiar todo lo que en los libros pone y los mentores imponen.

"Recuerdo haber sido excluido de grupos por ser el típico alumno que suspende más de la mitad de las asignaturas, sin importar mi valía como persona, sencillamente por "no ser válido" o "no ser una buena influencia", así como si algo tuviese que ver. Y también recuerdo situaciones como la de no haber sido invitado al cumpleaños de uno de mis mejores amigos por la misma razón, para que sus padres no vieran con qué clase de gente se estaba relacionando su hijo".

Por suerte, gracias a la educación que mis figuras paternas, especialmente la mi madre, nada de eso pudo frenar mi deseo por diseñar y perseguir mis sueños, así que perseveré y perseveré, y fue durante la siguiente década que viví innumerables experiencias que me proporcionaron unos conocimientos cuanto menos dignos de compartir. 

Pero un día paré en seco y me propuse volver a empezar. Eso sí, lo haría con más sentido, desde los cimientos, sabía que no estaba haciendo bien las cosas y sentía que mi misión ahora era crecer en lo personal y desarrollar mi propósito de vida, término que por entonces, por cierto, ni siquiera sabía que existía.

Aprendí de los mejores: de Sergio Fernández, Josepe García, Carlos Delgado, Xesco Espar, Ana Moreno, Juan Diego Gomez Gomez, Nestor Guerra, Berto Pena, Fabián González, Jürgen Klaric, Joaquina Fernández (mi gran inspiración), Raimón Samso, Dimitri Uralov, Pol Victoria, Anxo Pérez, Robert Kiyosaki, Harv Ecker, John Gary, Chopra, Xavier Gabriel, Robin Sharma, Daniel Carnegie, Napoleon Hill, Peter Thiel, Sean Covey y el gigantísimo Tony Robbins entre otros. Me endeudé por varios miles de euros para poder invertir en mi desarrollo personal y profesional asistiendo a sus seminarios por el mundo, comprando y leyendo sus libros, cursando másteres intensivos y aplicando y probando en mí mismo cada mensaje de poder que cada uno de ellos poseía y posee para el mundo.

Recibí conocimientos y herramientas que por desgracia no se enseñan en ningún colegio, instituto o universidad del planeta, y fue tal mi satisfacción, transformación y resultados desde entonces, que me sentí en deuda con el mundo, no daba ni doy crédito a cómo es posible que tanta riqueza ni se mencione en el sistema de educación tradicional, razón por lo cual Adelayn hoy existe, para transmitir absolutamente todo lo que a mí, y al resto de mentores que conforman esta plataforma, nos llevaron a convertirnos en personas más prósperas y felices.

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Sí, quiero